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El Cristo del Otero, Palencia. La obra cumbre de Victorio Macho


El Cristo del Otero es la obra cumbre del escultor palentino Victorio Macho. Su construcción data del 1931 y está considerada una de las esculturas de Jesucristo más altas del mundo. Está ubicada sobre uno de los cerros que dominan la ciudad de Palencia, sus más de 800 metros de altitud sobre el nivel del mar, y la privilegiada situación de dicha cumbre, contrasta con la inmensa llanura de la Tierra de Campos Palentina, consiguiendo de esta forma que la majestuosa silueta del Cristo no pase desapercibida para el visitante prácticamente desde ningún rincón próximo a la ciudad. Bajo sus pies, se encuentran la ermita de Santa María del Cerro y el Centro de Interpretación dedicado a la obra del escultor palentino. En este conjunto natural y escultórico sin igual, se conjuga a la perfección... tradición, arte, devoción, fervor y también, como no... leyenda. Victorio Macho descansa eternamente entre los muros del museo dedicado a su persona -ubicado en lo alto y bajo la base de la insigne estatua- por expreso deseo del artista. Adentrándonos en este espacio cultural, entre algunas muestras de su más significativa obra, en el silencio... percibiremos el espíritu y el gran legado pasional, artístico y cultural que nos dejó el maestro. Un excepcional mirador, construido a los pies de la escultura, permite ver una panorámica extraordinaria de la ciudad, el mismo horizonte que el Sagrado Corazón de Jesús tiene ante sus impresionantes ojos, cincelados sobre el duro y sobrio hormigón.

Subir el cerro a través de la carretera que lleva directamente a los pies del Cristo... es una sensación inigualable, pues según te vas acercando a la cumbre, percibes la enorme magnitud de la obra y comienzan a dispararse las emociones más sensoriales. Una vez en lo más alto, y ya bajo su influjo, impresiona la majestuosidad de la escultura. Su esbeltez y belleza no tienen parangón, algunos incluso defienden que la escultura es comparable a las faraónicas obras del antiguo Egipto, en este aspecto, son variadas las "historias urbanas" que corren como la pólvora por las redes sociales, la que más me llama la atención... es la que afirma que Victorio Macho, para su construcción, se inspiró en las fabulosas obras de esta ancestral civilización. En este sentido, yo ni quito ni pongo, pues soy profano en el tema, pero me parecen respetables todos y cada uno de los puntos de vista expresados para ensalzar y mitificar la historia de tan sorprendente legado, y más cuando el interés principal sea el de promocionar y enseñar al mundo entero nuestro espectacular patrimonio. 

Pero vamos a aspectos más mundanos y relativos a la obra material de la estatua. El profesor Segundo Fernández Morate, licenciado en Historia y autor del libro "El Cristo del Otero. Leyenda, tradición e historia", indica que en los nueves meses que duró la construcción del Cristo -de junio de 1930 a febrero de 1931- participaron once payos y un gitano, por expreso deseo del escultor. La obra contó con dos proyectos; el inicial, redactado en el año 1927, que no terminó viendo la luz, por lo menos tal como se concibió y un segundo y definitivo, que salió adelante gracias al tesón del escultor, el obispo y varias personalidades más de la época. Asimismo, este historiador indica que fue vital la aportación del arquitecto Jerónimo Arroyo y el maestro de obras, Germán Calvo, para poder realizar esta escultura sobre una ermita que se encontraba prácticamente en ruinas. (así es como se cuenta y se redacta en una publicación del Norte de Castilla).

Las vistas desde el Cristo son impresionantes, no exagero, auténticamente privilegiadas, sino... sube y verás. La Catedral, o la Torre de San Miguel, por poner algunos buenos ejemplos, lucen con mayor intensidad, si cabe, bajo los dominios del Cristo y ante la vista del Sagrado Corazón de Jesús. Además, es de agradecer la restauración que se ha llevado a cabo en junio de este año 2015, que ha remozado después de 84 años de viva historia -testificando la vida de los palentinos- la imagen de la escultura. El Cristo, hoy, luce espléndido, tanto durante las horas de luz que el Astro Rey le otorga al día, como sobre la oscura noche palentina, en este caso... gracias a su renovada iluminación. 

El lugar no está exento de tradiciones. Una de las más aclamadas y populares es aquella que cuenta... cuando en la ermita del cerro tuvo que refugiarse Santo Toribio, obispo de la localidad leonesa de Astorga, huyendo de la ira de los lugareños, allá por los años centrales de la quinta centuria de nuestra era. En aquellos tiempos, el prelado astorgano había acudido a Palencia con la intención de reconducir a los palentinos en el catolicismo oficial de la época, predicando para ello e incontestablemente, contra la "herejía priscilianista" (doctrina cristiana implantada por Prisciliano en el siglo anterior), que estos profesaban mayoritariamente. Pero quiso el momento histórico... que el río Carrión, siempre eterno a la vera de la capital palentina, se desbordara inundando con sus bravías aguas gran parte de la ciudad. Esta devastadora catástrofe arruinó muchas de las casas, granjas y campos de los sufridos habitantes de la comarca. Convencidos de que eran merecedores de un castigo otorgado por la divinidad, como pago por su afrenta a Dios significado en la lapidación llevada a cabo sobre Toribio, hizo que los palentinos, sin duda arrepentidos por su acción, ascendieran sin dilación el cerro que hoy alberga la escultura del Cristo del Otero para reclamar el perdón del prelado astorgano, que allí se encontraba refugiado. De ahí la tradicional Romería de Santo Toribio que se celebra en el mes de abril, en el entorno de este idílico paraje. Esta popular y tradicional fiesta palentina está declarada de Interés Turístico Regional, y en ella se "apedrean", a los pies de la magnánima escultura, más de 7.000 raciones de pan y quesillo en recuerdo a la persecución y apedreamiento del Santo llevada a cabo por las calles colindantes de este lugar... verdaderamente mágico... y de enorme poder.

En definitiva, para finalizar, invito a los lectores de este humilde blog a aportar y completar con sus narraciones, leyendas, historias o simples recuerdos lo que este bloguero por desconocimiento se haya dejado en el tintero... que seguro que será mucho, para eso estamos.

Palencia, un gran museo al aire libre.

Todas las fotografías están realizadas por mí mismo, puedes compartirlas para cualquier acción personal de promoción de nuestra provincia.

Fotografías esféricas en 360º realizadas desde el mirador del cerro. Gira el ratón en todas las direcciones:

Sepultura de Victorio Macho en el Centro de Interpretación


Vista de la Catedral desde el Cerro del Otero
Ermita de Santa Toribio


Vista de Palencia desde el Cerro del Otero





Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 

Perazancas de Ojeda, el estilo lombardo en Palencia. Ermita de San Pelayo


Perazancas de Ojeda es un pequeño pueblo palentino perteneciente al Ayuntamiento de Cervera de Pisuerga. Es el nexo de unión entre la comarca de la Ojeda y la Montaña Palentina. De hecho, este emblemático pueblo, conjuga en sí mismo y a la perfección ambas ubicaciones, geográficamente pertenece a la "románica" comarca de la Ojeda, pero administrativamente a la Montaña Palentina. Es una de esas típicas localidades del mundo rural palentino a la que te acercas con la intención de contemplar su iglesia parroquial, y te encuentras con un impresionante templo de estilo románico, al más puro trazo palentino, en pleno corazón del casco urbano de la localidad. Pero ahí no acaban las sorpresas, aproximadamente a un kilómetro del pueblo, junto a la carretera provincial en dirección Herrera de Pisuerga y en medio prácticamente de la nada, te encuentras con la segunda sorpresa de la jornada: la bella ermita románica de Perazancas, advocada a San Pelayo.

Iglesia parroquial de la Asunción. Perazancas
Pero vamos a lo que nos ocupa, ya que estamos hablando del románico de Perazancas, voy a intentar relatar unos interesante detalles sobre la ermita de San Pelayo, pues tiempo tendremos de hacer un intenso recorrido por su templo "principal": la iglesia parroquial de la Asunción, que también es digna de ver y mencionar. La Ermita de San Pelayo es una visita obligada en la ruta del románico de la Ojeda. Los templos románicos, ubicados en Moarves, Olmos y Peranzacas, entre otros, constituyen un conjunto arquitectónico único. Están datados en los inicios del segundo milenio, son simplemente soberbios. Personalmente, esta ruta es una de mis preferidas, por su proximidad en cuanto a concentración de puntos de interés a visitar y sin demérito del resto de recorridos palentinos, que con un poco de interés podemos trazar por los caminos del más bello románico palentino, por supuesto. Pero como ya he descrito anteriormente, Perazancas puede presumir de ostentar en su seno dos impresionantes legados adscritos a épocas de principios del segundo milenio verdaderamente brillantes: su iglesia parroquial y la mencionada ermita de San Pelayo. Es verdad que dicha ermita impregna en el visitante un halo espiritual sin igual e incluso, si no tienes la oportunidad de disfrutar de su interior... porque encuentres su puerta cerrada a cal y canto, el simple deambular por su exterior... te hace transpirar un sentimiento de paz y espiritualidad, que hace remontar a tu imaginación... a aquellos años del medievo en los que fieles y devotos purificaban sus almas a la vera de este mágico lugar.

El ermita es una joya en bruto del románico palentino. Su ábside, inspirado en el estilo lombardo importado de tierras mucho más al oriente, y sus reducidas dimensiones, son lo primero que llama la atención. Sorprende la diferencia de construcción de la nave que acoge el interior del templo, que es completamente rectangular, con el adosamiento a esta de su ábside, este detalle ya te da que pensar... que el tiempo se ha encargado de modificar y replantear su estructura original, muy poco habitual por estos lares. La nave principal conserva dos aberturas al exterior, en su orientación sur, sobre su pared meridional, que le entrega al templo la armoniosa luminosidad de los brillantes mediodías de la Ojeda. Además, se puede observar las marcas de una presunta puerta, hoy totalmente cegada, en su ala norte. El acceso a la ermita se realiza a través de una simple abertura efectuada sobre su fachada de poniente. Esta ofrece una decoración de medio punto dovelada, con sendas columnas sobre dos capiteles de aspecto muy ancestral, que constatan la extraordinaria sencillez del edificio. El ábside es el elemento arquitectónico del templo actual más antiguo, conserva una ventana en su flanco sur, que recuerda sus orígenes más románicos pero que no escapa de su curioso diseño de auténtico estilo lombardo, los amantes de este arte, disfrutarán de su sencillez y a la vez elocuente belleza. Asimismo, un pequeño tragaluz ventana en el naciente llena el interior de la ermita... de los aún débiles rayos de luz del albor, que no le falla a cada día. 

La construcción está datada, probablemente, en los años previos al 76... del segundo milenio, pues así lo atestigua una inscripción realizada sobre la lápida de consagración del templo, que ahora hace las veces de dintel en la cegada puerta norte. Pero es su interior... lo que te llena de gozo y fervor. Impresionan los sarcófagos que en él se conservan, la figura humana tallada sobre dicha piedra, es un firme ejercicio de la relatividad de la efímera muerte y de la vida eterna. La sencillez de su escasa decoración y ornamentación impregnan a la ermita de un espíritu plenamente rural, la simpleza y sencillez de su altar, situado sobre el centro del cilindro absidal y liberado de grandes recursos artísticos, transmite en el creyente un verdadero sentimiento de profunda devoción, pues evoca en el visitante... que lo importante es la silenciosa oración y no el alarde de grandes recursos eclesiásticos.

Pero uno de los verdaderos puntos de interés de la ermita, está en los restos de pinturas que esta aún conserva. Aunque son pocos los trazos pictóricos que en la actualidad podemos disfrutar... estos son de gran interés y valor. Haciendo un ejercicio de imaginación, podemos deleitarnos con cada una de las imágenes que sobre sus paredes impregnó el artista pintor de aquellos románicos años, En sus encalados muros, en la parte absidal, podemos admirar de una pequeña parte de lo que con seguridad fue un excepcional Pantocrátor, en este caso yo no fui capaz de deducir la presencia del habitual tetramorfos a su lado, que seguro que lo habria. De un apostolario, este si que es una delicia aún observarlo, y posiblemente, un calendario de antaño, que daba buena muestra de las tareas agrícolas que en la época se realizaban.

En definitiva, la ermita de San Pelayo es un lugar especial y encarnado para la oración más espiritual del amante del románico creyente y para la ensoñación y disfrute artístico del amante del románico más exento de esto. Esto que aquí cuento se refleja, literalmente, en el cartel que a intramuros, en el lado del evangelio, podemos alcanzar a leer:

Aquí oraron Reyes, Príncipes y Nobles de España y Europa, entre ellos Alfonso VIII, la Reina Doña Leonor y sus hijos, San Fernando, Rey de Castilla y San Luis, Rey de Francia.

VISTA VIRTUAL DE LA ERMITA DE SAN PELAYO (GIRA CON EL RATÓN EN TODAS LAS DIRECCIONES)
















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